Dale la vuelta

“La risa mata el miedo, y sin miedo no puede haber fe, porque sin miedo al diablo ya no hay necesidad de Dios”.
Pedazo de frase que se marcaron en el desenlace de esa peli que me encanta: En el nombre de la Rosa.

La risa mata el miedo.
Y, dejando aparte los asuntos de Dios, lo que a mi me importa es que la risa mata nuestros miedos y nuestras inseguridades.
Mata la necesitad de controlar las cosas, nos da una perspectiva como nada puede darnos.
Nos da ese puntito travieso-canalla sin el que la vida se vuelve demasiado dramática.
Cuanta más risa, menos drama… Y ESO ES MUY, MUY, MUY LIBERADOR.

Cuando eres capaz de reírte de algo que te ha hecho llorar…: ¡Felicidades! ¡Ya lo has superado!
Cuando eres capaz de verle la parte cómica, cuando eres capaz de bromear o de mirar eso que tanto te ha herido desde fuera, y darle la vuelta…: et VOILÀ! Ya forma parte de tu historia.

Hubo una vez que yo estaba jodidísima, momento “no soy suficiente para alguien”. Os suena, ¿no?, porque no me digáis ahora que soy a la única que le ha pasado…

Bueno, pues que estaba yo ahí dándome látigo del «güeno», cuando mi amiga Rosa, que es de pocas palabras, mucha cerveza y tiene una puntería que flipas para estas cosas, me suelta: “Dale la vuelta”. 
Y yo con el drama, que no la entendía… “que le des la vuelta, piensa en ti, en si estás disfrutando, en lo que está pasando ahora… y en nada más, mañana no nos interesa. Seas o no suficiente, ahí estás, disfrútalo, quizá en dos días te das cuenta de que el que no es suficiente es él”.

Y, la verdad, cuando fui capaz de apartar los “no soy suficiente” y los “necesito seguridad” (que seguro que si entramos a analizarlos con microscopio, acaban siendo la misma cosa) SÍ que estaba disfrutando, es más, tenía motivos de sobras para estar contenta.

En el momento que fui capaz de mirar la situación en clave de humor, todo cambió y sólo veía ventajas. Y mis miedos se esfumaron, bueno, miento, mis miedos se mantienen a raya todo el tiempo que yo consigo mantener el nivel de cachondeo conmigo misma. Están al acecho para ver si, en algún momento me bajan las defensas, y pueden volver a coger terreno.

No podemos controlar cómo nos ven los demás, lo que sienten por nosotros, el tipo de relación que podemos llegar a tener con alguien, de hecho, ni siquiera podemos controlar lo que sentimos nosotros mismos (¿o no os hubierais querido enamorar de alguien alguna vez y no ha habido forma?… y al revés, mierda).
No podemos saber qué va a pasar mañana, cómo vamos a sentir, cómo van a sentirnos… ¿por qué sufrir tanto?

El otro día leía algo de Murakami, de Tokio Blues, en el que decía que si tienes que herir a alguien, hagas lo que hagas, lo vas a acabar hiriendo, que la única manera de vivir es abandonarse totalmente al fluir de la vida. El resultado, es que, evidentemente, si alguien te va a herir, ríndete, te acabará hiriendo. Supongo que la experiencia te protege, hace que te alejes cuando algunas situaciones te resultan demasiado familiares o de determinados perfiles en los que siempre tropiezas… pero la verdad es que, en el momento en que ponemos el corazón y nos dejamos llevar, asumimos el riesgo de que nos rompan, a veces un poquito, otras veces mucho… pero es que la otra opción es quedarse al margen, mirando la vida pasar.

No soy de las que miran la vida, soy de las que se tiran, sin paracaídas, sin chaleco antibalas, sin seguro y sin pestañear demasiado. Me han herido muchas veces, como decíamos con mi amiga Amaya, nuestro corazón ya tiene las piezas numeradas, montarlo de nuevo, cuando nos lo hacen pedazos, cada vez es más fácil, hemos aprendido a recuperarnos rápido, y, aunque no se ve perfecto y luce un poco magullado, como leí una vez, más vale tener una cicatriz por valiente, que la piel intacta por cobarde.

La cuestión es que, de tanto saltarle a la vida, puedo decir con una sonrisa que, aunque cuando duele, duele, prefiero esa sensación a la de ser un actor secundario dentro de mi propia historia.

Señores, aquí hemos venido a jugar.
Aquí hemos venido a destrozarnos y a aprender.
A arriesgar, a rebañar el plato que la vida te sirve, casi siempre. A querer que te dé un novio formal y va y te da un loco que te lleva de aventuras, que te durará unos meses y será una de las historias que recordarás mientras vivas. Tu esperas un padre para tus hijos, y te trae un amor de chaval, mucho más joven que tú, que para nada va a ser el padre de nada tuyo pero que te hace sentir viva.

Lo que la vida te da, si te apetece, si te reta, si te da un pelín de vértigo, si te pone cachonda, si te parece que te va a dar un buen rato, joder, no lo pienses mucho y ¡exprímelo! ¡Disfrútalo!

No te cuestiones, no lo estropees pensando que no eres suficiente, ¡no dejes que tus miedos maten tu risa!

VÍ VE LO.
Si en algún momento aparece ese que tiene que ser lo que tú querías, genial, si no, no dejes de vivir nada porque no se ajusta a tu guión (porque casi nada que merezca la pena en la vida se ajusta, te lo digo por experiencia).

Quizá no es lo que quieres, pero es lo que tienes.

¡Guíñate un ojo a ti misma y ríete de todo! porque quizá en esos revolcones que te pega la vida, que todo el rato se salta TU guión, se escriben recuerdos en tu alma, en letras pequeñitas y preciosas, y se dibuja una “tú” mucho más libre!

Deja un comentario