Primero de junio… el día UNO de cada mes lo siento como una especie de ventana abierta a algo nuevo, que no deja de ser una estupidez, pero así soy… supongo que tiene que ver con el orden y con los puntos finales.
Es como ir andando el mismo camino, pero que de repente te cambien el horizonte.
Es como si te recargaran de vidas el juego… aunque a veces estés hasta los cojones de jugar.
No voy a empezar esta entrada preguntando si alguna vez os ha pasado… porque sería daros la oportunidad de mentiros a vosotros mismos y no es plan. Así que empezaré preguntando cuántas veces habéis querido huir de vuestra vida.
Porque a mí últimamente me pasa tol’rato.
¿Cuántas veces os habéis imaginado libres de todas y cada una de vuestras responsabilidades? YO MUCHAS VECES.
Me he imaginado, por decir algo, sin la necesidad de ir a trabajar. Ojo, no “necesidad de ir” por aquello de sentirme realizada, sino la necesidad de pagar facturas, no nos equivoquemos. Yo creo que, a estas alturas de mi vida, me puedo “sentir realizada” alquilando tablas de surf o vendiendo bocatas de pollo a l’ast en una playa en el Sudeste asiático, tol’dia en bragas y chanclas, mira tú. Lo del puestecito de bocadillos de pollos a l’ast es verídico, en Polinesia conocí un francés que trabajaba en eso, y los bocatas estaban que te morías.
También me imagino cómo sería mi vida sin sentir la carga de llevar una casa y de tener que solucionarlo todo, por ejemplo. Hay veces que me gustaría no tener ni que pensar (ya no hablemos de cocinar), pero ahí están mis hijos, que comen todos los días.
En algunas temporadas, cuando las cosas se han puesto especialmente difíciles, soñaba con una opción que podríamos llamar “vacaciones de ti mismo”. Me imaginaba poder irme un tiempo, y que, debido a algún mágicodesdoblamientoespacio-tiempo, nada de lo que pudiera hacer en esos días, afectara a mi vida. Poder sentirme libre de hacer, ir, venir, experimentar, descansar… sin que, nada de lo que pasara, tuviera ninguna consecuencia. Que fuera una especie de derecho que todos pudiéramos tener y estuviera socialmente aceptado (y que, además, estuviera realmente mal visto el no aprovecharlo). Quizá esconde una visión egoísta o infantil de la existencia, pero no estamos aquí para juzgar, sino para explicar la vida, las sensaciones, para huir de las prisiones, aunque sea con la imaginación.
Creo que sentirnos prisioneros en nuestras vidas nunca es positivo, aunque la solución es complicada. Porque esas prisiones están hechas de sentimientos, de personas a las que amamos, de responsabilidades que contraemos alegremente en un momento y que, al tiempo, pueden llegar a pesar, aunque aceptemos que nos pertenecen. Quizá si, periódicamente, nos permitiéramos “darnos vacaciones” seríamos más capaces de cargar pilas y, lo más importante, mirar con perspectiva. Seguro que nos ayudaría a valorar si donde estamos es donde realmente queremos estar. Apuesto a que muchas veces ese descanso ayudaría a que las cosas no nos acaben rompiendo y rompiéndose. Hay veces que nuestra vida profesional nos aplasta, que las obligaciones familiares se convierten en una tortura, que nuestra relación de pareja no nos suma, no nos hace sentir felices. Y es tan difícil, a veces, ser consciente de ello. Vivimos ciegos a la inercia que nos arrastra cada día. Aunque a veces, a solas, cuando miramos a nuestro interior, podemos sentir el vértigo que da el miedo de mandarlo todo a la mierda, que es lo único que quieres en muchos momentos.
Huir.
Cuando algo es muy difícil de cambiar, cuando parece que no tienes escapatoria, cuando estás tan cansado que solo sigues en la noria, haciendo lo que puedes, incapaz de saltar de ahí, quizá es el momento de plantearse un descanso. Y no me refiero a las “vacaciones de vida” (que sería lo suyo), sino a un descanso: un aceptar que las cosas no son como tú quieres, pero que, momentáneamente, no te queda otra y tomártelo con calma. Yo misma me he sentido angustiada por “no poder soportar algo ni un día más” y esa angustia solo me ha hecho sentir prisa, que se añade al cansancio y no ayuda, más bien al contrario… te quita oxígeno.
Cuando no te gusta lo que está pasando en tu vida, toma nota y relájate. Toma fuerzas, date ánimos y cuando te sientas más fuerte, quizá es el momento de ir a por un cambio, pero el primer cambio, el más importante, está en cómo te miras.
Si pudiera tomar vacaciones de mi vida, seguramente a los pocos días echaría de menos algunas cosas. Supongo que eso significa que mi vida, aunque a veces me asfixia, no debe ser tan mala como la veo cuando estoy tan cansada que no veo los colores.
Si pudieras tomar vacaciones de tu vida, ¿a qué querrías volver al cabo de una semana?