Me rindo

Casi nunca en mis planes entra la idea de rendirme, aunque, sinceramente, en estos últimos tiempos (insisto: mierda de madurez) estoy aprendiendo que en determinadas circunstancias rendirse es la opción más inteligente, porque luchar es una pérdida de tiempo y de energía.

Si para luchar hace falta ser cabezota y fuerte, para rendirse hace falta mucho valor.

Es ponerse en manos de la incertidumbre, es aceptar que no tienes el control.
Da miedo y vértigo.

Luchar lo llevo en el ADN… rendirme tengo que reconocer que es una de las lecciones que más me está costando aprender, no soy una alumna fácil.

Pero sí,
me rindo,
me rindo a la evidencia de que hay situaciones que no puedo controlar (si, más de 50 años he tardado).
Me rindo a explicar lo que siento o lo que necesito a la gente con la que me cruzo por la vida, bueno, no, a la gente no, a algunos hombres, más bien.
Me rindo a la evidencia de que hay cosas que son, y solo se pueden procesar y aceptar.
Me rindo a que no sé dónde estaré en Diciembre.
Me rindo a que este año supone dejarse llevar.

Me asusta e ilusiona, interesante mezcla esa.

Mi abuela siempre decía algo así como “dale a cada día su afán”… Hasta ahora, yo tiendo a darle a cada día su afán podríamos decir que “antes de saber qué toca”. Lo planifico y me siento bien, porque la vida es eso: saber qué voy a hacer hoy. Me da seguridad, tranquilidad o sensación de control, no sé cómo llamarlo. Peeeeeeero, resulta que no, que nunca sabemos realmente qué va a tocar hoy: ni cuando nos rendimos, ni cuando lo luchamos con uñas y dientes. La diferencia está en que cuando luchas sientes que “el control lo tienes tú”, cuando te rindes se lo das a las circunstancias. Y, quizá por primera vez en mi vida, estoy empezando a ver el poder que tiene esa renuncia.

Vivir cada día desde la perspectiva de que uno no tiene el control, adaptándose, quizá luchándolo, aceptando que quizá no pase lo que tenías previsto sin que eso te haga sentir que algo falla…

Otra cosa que decía, no mi abuela sino mi madre es: “lo primero es antes”, no sé si es una frase tonta o un reto imposible… porque qué difícil es a veces saber qué es realmente lo primero… o qué fácil saberlo y qué difícil reconocerlo. Y vamos por ahí haciendo lo que nos apetece, o lo que nos da menos pereza o supone menos esfuerzo o disciplina, o autoengañándonos con estupideces que sabemos son solo una forma de despistarnos… incluso a veces, haciendo lo que nos pide el corazón o lo que nos pide el alma… aunque sabemos que en ESE justo momento, justo eso no toca… (aunque ¿no debería ser siempre lo primero lo que nos sale del corazón o del alma?…)

Hay años dulces, que pasan como una comedia facilona que siempre acaba bien y que te dejan una sonrisa en el rostro; otros insulsos, que parece que no han servido para mucho; hay años que suponen un punto de inflexión, que te obligan a decidir, a aprender, a cambiar y hay años que te prenden fuego y te dejan en la cenizas… y sólo queda reinventarte en ave fénix y sobrevolarlos. Este año está siendo uno de esos años incendiarios que nos están poniendo a prueba. Y solo han pasado 6 meses.

3 comentarios sobre “Me rindo

  1. Sin duda, rendirse es de valientes. Pero es la apuesta fácil. Como asaltar la colina de la hamburguesa, es de valientes, es una respuesta fácil, pero yo no lo haría (ni mi perro tampoco). Los años dulces provocan caries. Los insulsos, inapetencia. Los que suponen un punto de inflexión provocan vértigo. Y los que te prenden fuego provocan llamar al cuerpo de bomberos, para que te apaguen. Be water my friend (frase póstuma de un bombero del poble nou).

    Me gusta

  2. Hace falta mucho valor para rendirse. Pero no es rendirse, es aceptar la vida tal y como nos viene. A veces de cara, a veces a contrapelo. Hace falta mucho valor para aceptar la vida.

    Me gusta

Replica a coco Cancelar la respuesta