Echando de menos

Hace poco vi una serie en la que los humanos volvían al planeta después de una hecatombe nuclear, habían sobrevivido confinados durante años en una nave espacial: sin playas, sin atardeceres, sin bosques, sin paseos al aire libre, sin animales, sin cielo azul…
Es una estupidez, pero ¿sabéis? Imaginarme esa situación me hizo darme cuenta de todo lo que tenemos y no valoramos. Eso fue hace unos meses… y ahora nos encontramos encerrados en nuestras casas, valorando algo tan “tonto” como salir a correr al parque o dar un paseo por la playa.
Es curioso.

Y aquí estamos… algunos aburridos, otros tranquilos, unos muchos agobiados y también asustados, cansados, conformados, solos, acompañados, tristes, manteniendo el ánimo, algunos hartos ya hasta de pajas, echando mano de la creatividad, aprovechando para hacer aquello para lo que nunca teníamos tiempo, a ratos jodidos, a ratos liberados de agenda y obligaciones…. Multitud de sensaciones, sí, pero limitados.

Limitados en nuestras salidas, en nuestros encuentros, encerrados en nuestra piel sin poder compartirla con otra, limitando besos, caricias, revolcones y respirar tan cerquita de alguien que su aire es el tuyo.

Limitados a un espacio, que aunque confortable, aunque dotado de todo aquello que hace que estemos bien (calefacción, agua potable, baños, ducha con agua caliente, electricidad, comida en la nevera, una cama calentita…) nos parece por momentos la misma jaula que enloquece a los felinos en el zoo, a los delfines en esas piscinas que comparadas con el mar son un charco.

Seguimos teniendo nuestra ropa en el armario, nuestro sofá, nuestros electrodomésticos, el bendito móvil u ordenador que nos salva de este aislamiento y que nos ayuda a sobrellevar esta soledad, que nos conecta con el mundo, familia, amigos, trabajo… Nos preocupa la evolución de todo esto, pero por suerte, no están cayendo bombas a nuestro alrededor ni nadie armado esta tirando abajo la puerta de nuestra casa.

No estamos en una situación límite, y, aun así, acudimos a los supermercados como si estuviéramos pasando (o a punto de pasar) hambre. Y luego están los que se saltan las recomendaciones y salen a la calle “sin motivo”, olvidando que necesitamos de cada uno de nosotros para superar esto.

Recordemos esto la próxima vez que pensemos en aquellos que llegan en patera o que están en un campo de refugiados, huyendo de una realidad que ni nos podemos imaginar.

Yo soy esa que cree en las personas, que siempre piensa que hay algo bueno en su corazón. Como os podéis imaginar, me he llevado ya unas cuantas decepciones y aun tengo heridas que provocó gente en la que confié y que me cuesta curar. Tengo claro que me esperan más, porque los que hemos nacido almas cándidas, seremos almas cándidas hasta que pasemos a mejor vida. Honestamente, y algunos pensaréis que soy idiota, prefiero ser ingenua que cínica. Y prefiero que me hieran por ingenua que matar esa parte de mí.

Creo que esta situación que estamos viviendo nos va a enseñar a ser mejores, como individuos y como sociedad. A darnos cuenta de que no somos mejor que nadie, que no estamos a salvo de nada y que tenemos que cuidarnos entre todos. A ser más conscientes del ritmo de vida sin sentido que llevamos. Y, sobre todo, que el daño que nos hacemos a nosotros mismos, a los demás y al planeta nos va a pasar factura. Cada vez más cara.

Mientras andamos todos encerraditos en casa, la naturaleza parece haber dicho; “Jodeeeer!! ¿Dónde están estos cabrones?» Y ha empezado a tomar su espacio: aguas y aire más limpio, animales salvajes tomando las calles de las ciudades. Me parece maravilloso y una magnifica demostración de quién estamos de más en este mundo (y de quien podría hacer algo para minimizar el impacto). Nos debería hacer pensar.

Los que me conocen, saben que hay grandes cosas que se me pasan inadvertidas, por lo que no sé si decir que soy una gran observadora… pero lo que sí soy es una gran detallista.

Ya os expliqué que el confinamiento no lo estoy llevando mal. Soy muy gato y eso ayuda. Mi mente siempre está con algo y eso también. Es difícil que yo me aburra. Aun así hay algunas cosas que ya echo de menos, y, espero que vosotros también… y también espero, DE VERDAD, que cuando volvamos a tenerlas, nos demos cuenta de lo valiosas y simples que son.

Yo soy esa que se fija

en como brillan hoy las estrellas;
en lo preciosa que está la luna;
en el milagro de los brotes saliendo de un árbol;
en el vapor escapándose por encima de los setos en un parque cuando le dan los primeros rayos de sol;
soy la que ve postales en paisajes o imágenes que me regala la ciudad;
la que se fija en la luz que hay en un momento del día;
la que mira como la naturaleza siempre intenta embellecer con flores los espacios más grises y se sonríe con la combinación preciosa que forman unas pocas flores blancas aquí y allá, repartidas en la hierba;
yo veo reflejos en charcos que me parecen magia y me recreo en el ligero aleteo de los volantes de una falda, acompañando el compás del caminar de quien la lleva;
yo me quedo prendada de miradas, de sonrisas, de manos que se tocan;
soy la que se queda muda admirando los colores del cielo, que tan pequeña me hacen sentir siempre.

Echo de menos un millón de esas pequeñas cosas que quizá nadie ve…

Y también echo de menos los abrazos, creo que eso es lo que más. Y la mirada que precede a un abrazo.
Ir a casa de mi madre y abrazarla, escucharla hablar y su risa, sobre todo su risa…
Reunirme con la gente que quiero, sus sonrisas, y esas conversaciones locas llenas de bromas, rozándonos las manos y sin miedo a tocarnos.
Entrenar al aire libre.
Los colores del cielo.
Pasear por la playa.
Sentarme en un parque y ver como se mueven las ramas de los árboles.
Planear un viaje.

Y vosotros, … ¿qué es lo que más echáis de menos?

2 comentarios sobre “Echando de menos

  1. los abrazos….eso es lo que más echo de menos!
    Y tus posts también los echaba de menos, pero esa es la parte buena del confinamiento, que vuelves a escribir yeahhhhh!
    Beso gordo maylof! 😘
    Nuri

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