Gracias

Estamos en tiempos de tecnología y “apps” para todo. 

Vivimos a través del móvil.

Gran parte de nuestro tiempo libre se nos escapa en redes sociales y en esa cuestionable felicidad que da mostrar y contemplar nuestra vida y la de los demás en una pantalla engañosa.

Construimos relaciones a través de todo ello… y, muy a mi pesar, lo que veo es que esas relaciones tienen mucho de efímeras, de hielo quebradizo, de “lo que dije ayer ya no vale”, de me busco otra persona que me siga el rollo y ocupe el espacio que ocupabas… si, al final, lo que quiero es un chat entretenido con el que matar el tiempo: da igual con quien.

Y así nos va: Entreteniendo nuestra soledad a base de llenar nuestros ratos tontos con conversaciones con desconocidos que nos hacen sentir acompañados.

Desde mi divorcio, mis experiencias “amorosas” con los hombres han dejado mucho que desear… aunque, a pesar de todo, estoy convencida de que hay hombres maravillosos por ahí (POR FAVOR, DEJAD DE ESCONDEROS).

La cuestión es que, por si acaso tardamos en llegar a encontrarnos, vamos a tomar las riendas y a disfrutar lo máximo posible del casting, y, especialmente, aprendamos a no sufrir, que a veces parece que es para lo que estamos programadas, joder.

Dicho esto…

Gracias por las mentiras, porque aprendí a valorar a los sinceros. Porque a pesar de ser una ingenua, es el que miente el que se desprestigia a sí mismo. Como alguien me dijo una vez: “La ingenuidad es un tesoro”, y prefiero ser ingenua que cínica, aunque a veces me hieran.

Gracias por la dureza con que me tratasteis, porque me hizo más fuerte. Porque hay veces que no he entendido la crueldad, la falta de consideración o la falta de respeto, pero he acabado entendiendo que está en mi mano permitirlo o irme, protegerme o exponerme.

Gracias por los piropos vacíos, porque a pesar de que alimentan fugazmente la autoestima, acaban por ser una muestra de la parte más superficial de nuestras relaciones. Y ser consciente de ello es importante en estos tiempos de relaciones virtuales.

Gracias por mostraros poco disponibles, porque aprendí que quien quiere estar, está.

Gracias por vuestros silencios, porque muchas veces es la respuesta más ensordecedora y una lección difícil de aceptar y de aprender.

Gracias por el mal sexo, porque cuando encuentras del bueno, la sonrisa te delata y te entran ganas de salir a la calle a bailar y que lo sepa todo el mundo.

Gracias por no estar, porque aprendí que sola puedo ser mucho más de lo que imaginé nunca. Y la soledad, el silencio y las ganas de compartir no correspondidas son algunas de las lecciones más duras.

Gracias a los pesados, insistentes, que te bombardean a mensajes densos que te roban la energía nada más empezar a leer. Esos que el primer día ya hablan en “nosotros” e invaden tu espacio sin apenas darse cuenta. Me mostrasteis lo que no hay que hacer si te gusta mucho alguien.

Gracias a los pupas y a los quejicas. Me enseñasteis que hacer de madre no me va y a huir rápido.

Gracias a los que tienen pareja pero aun así intentan esa canita al aire. Me enseñasteis a ser honesta conmigo misma y con mis futuras relaciones. Me hicisteis que me preguntara por qué somos infieles. Tuve que reflexionar y aceptar que hay que romper modelos de relaciones caducados y crear modelos nuevos más sinceros y saludables.

Gracias a algunos por desaparecer. Gracias. Sólo gracias. ¡Qué bien que os fuisteis!

Gracias a algunos por estar. Gracias. Muchas gracias. ¡Qué bien que nos hayamos encontrado!

 

2 comentarios sobre “Gracias

  1. Yo doy gracias porque al aparecer en mi vida aprendí que tus desordenes mentales también me acercaron a otras personas equilibradas y llenas de valores reales. Espero que todo lo que predicas algún día te de la paz que tanto necesitas. Suerte!!!

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