Llevo meses sin escribir… no porque no me pasen cosas, sino porque me pasan demasiadas y a veces me cuesta parar y encontrar ese momento en que me siento conmigo misma y me relajo, y me permito contemplar mi vida a través de mis palabras… a veces es sólo desahogarme, algunas son una especie de “hacer balance”, otras son “ordenarme por dentro”, casi todas son medicina…
En este año que ha pasado (y en el que, lo reconozco, escribir no ha sido mi mayor prioridad) he aprendido mucho. Lo primero es que la vida puede dar giros y ponerlo todo patas arriba…
Joder, en enero no hubiera adivinado ni en doscientos intentos como iba a estar en diciembre, especialmente profesionalmente… (aunque también en amores, ánimos o conmigo misma).
Ha sido un año que ninguno de nosotros va a poder olvidar nunca. Afortunadamente en mi entorno no ha habido ninguna situación verdaderamente dramática… aunque muchos de nosotros nos enfrentamos a retos a nivel profesional que afectan, necesariamente, a nuestra economía y que, por más que queramos ser optimistas, asustan.
Este 2020 ha sido un año implacable.
La tecnología, esa que, como toda herramienta a nuestro alcance, tiene el poder de destruirnos en muchos sentidos, también nos ha mantenido cerca en estos meses. Ha sido la que nos ha entretenido en casa, la que nos ha conectado con amigos y familia y nos ha robado tiempo, ese que nos sobraba estando encerrados. Gracias a los mil cursos gratuitos, conciertos, actuaciones e ideas para matar el tiempo y a las personas que lo han hecho posible, con su generosidad y su tiempo. Sobre todo, gracias a todos aquellos que habéis creado “memes” o frases ingeniosas sacándole punta a lo que nos ha tocado vivir. Algunos me habéis alegrado el día con vuestro ingenio desbordante.
Necesitamos estar cerquita, necesitamos los abrazos, besos, las miradas furtivas, flirtear, acariciar… soy mediterránea y mi piel echa de menos el mar y a mi gente. Este encierro me ha enseñado a valorar que, de esos ratos de café, cerveza, terracita, bareto de mala muerte o restaurante super-fashion…, lo más importante es la compañía. Bueno, a veces, disfrutarlo en soledad también era un puntazo: entrar en un bar ahora es como un “qué afortunada soy, a ver si no se me olvida”.
Todos hemos sentido mil cosas en estos meses, y todo está bien. Nadie puede decir que lo que siente el otro está mal, nadie puede juzgar si tu miedo o tu despreocupación están bien o mal. Cada uno de nosotros gestiona la situación como mejor puede… y una de las lecciones a aprender, es el respeto y la tolerancia a como cada uno estamos “sobreviviendo”… creo yo.
Es curioso que cuando nos asustan, somos menos rebeldes y que tendemos a escuchar (y a creer) a aquellos que refuerzan lo que ya sentimos (¡Cuidado con eso!)… A veces, es más importante nuestra verdad que “la verdad”…, aunque ni se sabe ya cual es. El sentido común, quizá sea nuestro salvavidas y nuestro termómetro, cuando la realidad cambia a cada rato y la versión que tenemos nunca es del todo cierta.
También sé que “casa” es un buen lugar, y que soy afortunada por sentirlo. Y que los que quieren estar, están. Por Zoom, Skype, a 2 metros y con mascarilla, o rodeados de un plástico para abrazarte (como hago yo con mi madre).
Echo de menos sentirme libre, poder ir y venir sin pensar si “ya se puede”. Esta sensación de estar limitados nos está haciendo sentir que todo es a medio gas. Y echo de menos pisar gas a fondo.
En este año en que parece que la única buena estrategia es no hacer planes y, simplemente (como si fuera fácil) vivir el momento, siento que me están robando algo. Debe ser que me encanta hacer planes, incluso si no acaban saliendo bien. Supongo que tenemos que aprender a aceptar las cosas como vienen, a no pensar tanto y a tomar lo que la vida nos da. Y a no amargarnos por lo que NO nos da. Reconozco que lo intento, y reconozco también que me cuesta…
Este año me ha traído un cambio de vida radical y un par de sorpresas absolutamente inesperadas (por eso deben ser que se llaman sorpresas, ¿no?) que son lo peor y a la vez lo mejor que me ha pasado en mucho tiempo… Curiosa lectura. Si la vida me hubiera preguntado, seguramente no habría sido mi elección, pero, como las cosas a veces SON y punto… reconozco que me abre un nuevo horizonte que me apasiona.
También he visto como algunas ilusiones se han esfumado como arena entre mis dedos. Oportunidades que eran como haber ganado el primer premio en el sorteo del “Euromillón” y que me han hecho sonreír durante semanas… se desvanecen con esa sensación de tristeza, nostalgia y rabia de saber que eran un momento único y precioso.
El 2021 nos da miedo. Yo lo tengo en cuarentena y lo voy observando a distancia. No me atrevo a hacer planes, ni siquiera estoy segura de mis expectativas. Supongo que consiste en levantarme cada mañana con las ganas de hacerlo lo mejor posible y queriendo creer que hoy va a ser un poco más fácil que ayer. Mantenerme fuerte. Quererme mucho. Confiar en que la vida me va a traer más sorpresas de las buenas. Vivir con esperanza y con muchas ganas de reencuentros.