¿Os ha pasado eso de “voy a hacer ESTA CHORRADA en la que voy a tardar UN MINUTO” y contemplarte al cabo de cinco horas aún liado con la chorrada???
Decidme que os ha pasado y que no soy un desastre en planificación, POR FAVOR. Mentid, por compasión.
Eso de que vas a la cocina a beber un vaso de agua. Sólo tienes sed. Qué fácil.
Y el vaso se te cae al suelo y se llena todo de agua y cristales, vas a coger la fregona para recoger, te tropiezas y te clavas uno de los trozos del vaso en la rodilla.
Te lo intentas sacar y te mareas. Y no se sabe ni cómo ni por qué acabas en el hospital con una infección, te tienen que operar de la rodilla y casi te vas al otro barrio.
A lo Mr. Bean.
Salir de casa a las 8:40 de la mañana (según un estudio, la hora más estresante para adultos con hijos en edad escolar – NO ME PUEDO IMAGINAR el porqué).
Ya casi llegáis tarde al cole, a trabajar llegas tarde SEGURO… y justo cuando acabas de salir por SEGUNDA VEZ de casa (la primera se te había olvidado la merienda, la segunda se le había olvidado la chaqueta), tu hija pequeña te dice que necesita ir al baño (que digo yo, ¿AHORAAAAAAAAA?) y se le declara una «gastrotontitis» y tienes que
tirar de abuelos de urgencia,
cruzar tu ciudad (¿he dicho ya que llegas tarde a trabajar?),
llamar al cole,
llamar al trabajo,
pensar si coges taxi o metro.
Va, metro, que no hace falta dejarme un pasta, total, en taxi con tanto atasco llegaré aún más tarde.
En el metro, bronca de dos gilipollas que no saben que estás al borde de una subida de leche y de pegarles fuego sin ni pestañear (más bien con una sonrisa de loca satisfacción).
Vagón parado hasta conseguir evacuarlos.
Tu madre que te dice que no sabe por qué le has llevado a la peque, que no le pasa nada.
Tu jefe que te dice que si tienes preparado lo de las 10:30.
Los de la bronca que siguen discutiendo en el andén, mientras TODO el vagón los odia con la mirada.
Y tú, que no sabes si reír, llorar, irte pa´casa o coger un avión “y ya no me veis más”.
Decidme que os suena.
Y…¿sabes qué? QUE YA LLEGAS TARDE. Nadie cambia eso, no es culpa tuya, estás haciendo todo lo que puedes.
VETE A UN BAR Y TÓMATE UN CARAJILLO. Que les den a todos.
Respira.
No te enfermes porque, por muy nerviosa que te pongas, no vas a arreglar nada.
¿Cuántas veces has tenido una foto similar y tu día ha empezado (o acabado) del revés? Y luego te preguntas eso de que cómo han salido esas patas de gallo o se te cae el pelo. Joder, si lo raro es que te quede algo.
¿Os acordáis de cómo era la vida siendo el centro del universo? Cuando satisfacer nuestros deseos era la única preocupación del día. Yo me acuerdo… y me da una rabia pensarlo… a veces, eres feliz y NO LO SABES.
La madurez tiene algunas cosas… como levantarse para ir a trabajar, pagar las facturas, educar a tus hijos, mantener una casa, decir que “no” a veces, elegir… lo que viene siendo aceptar que no siempre puedes hacer lo que quieres y tragarte las ganas de mil cosas mil veces… y aun así, buscar el equilibrio y no olvidar seguir estando un poco loco e intentar hacer lo que puedas a pesar de todo.
Hasta hace poco no le veía un valor a eso. Ahora ya sí (pero cómo jode).
Los días difíciles, los días tristes, los días que te dejan vacío y sin fuerzas, los días en que las circunstancias te superan y solo querrías salir huyendo… son una prueba de madurez.
Siempre cuesta manejarlos.
Nos asaltan la rabia, la impotencia, la tristeza y hay que recordarles y recordarnos que de peores historias hemos salido.
Vivimos rápido, somos exigentes, impacientes e implacables con nosotros mismos y, demasiado a menudo, NO MERECE LA PENA… Negádmelo si os atrevéis, anda.
Marichochos… Vamos a reírnos más, desdramaticemos, relativicemos… la mayoría de las veces, lo que nos pasa NO ES TAN GRAVE. Casi nunca podemos controlar las cosas que nos pasan… pero sí cómo nos lo tomamos…
A ver si no se nos olvida y así nos ahorramos unas cuantas arrugas… que nos van a salir igual pero, joder, que sea por ataques de risa, esa que siempre nos salva, ¿no?