“Menuda vuelta estamos dando»…
Y yo pensando que ojalá esa vuelta se alargara una semana más…
IMAGINAOS:
Últimas horas en uno de mis lugares favoritos en el mundo la galaxia, había tardado años en volver, y era consciente de que, probablemente, iba a tardar en regresar… y alguien quiere coger un atajo para llegar lo antes posible a una zona con wifi y “realidad” atrapada en un pantalla.
Y yo, con lágrimas en el alma, echando ya de menos ese lugar que adoro.
¿Atajo?
¿A dónde?
¿Para qué?
“Menuda vuelta estamos dando”…
Y yo, que sigo vagabundeando, absorbiendo cada instante en aquel (MI) lugar.
Y mi (ex) acompañante de viaje, que toma su atajo a ese “paraíso” virtual, donde las fotos de vivencias sustituyen a la vivencia en sí.
Imagino que no era su lugar favorito de la galaxia.
Probablemente, en cualquier otro lugar, un atajo no hubiera sido tan inexplicable, pero allí, estropearme ese momento era más de lo que estaba dispuesta a permitir…
Y UNA MUY BUENA LECCIÓN PARA EL FUTURO.
Viajar es un regalo que me hago a mí misma. El mejor, de hecho.
Si no sabéis que comprarme, ¡regaladme viajes!… acertáis seguro.
Como leí una vez: “Si viajar fuera gratis, no me veríais más”… Pues eso.
Aprendí a emprender el camino sola, porque tan malo es sentir que “no tienes a nadie con quien compartir ese momento” como “compartirlo con alguien que, al no disfrutarlo, te lo sabotea”.
Viajar, para mí, es una experiencia que tiene algo de íntimo, de comunión. No soy una persona religiosa, pero cuando viajo, la sensación tiene algo de espiritual.
Yo no “visito” un lugar, yo me empapo de él.
Dejo que me atrape y, si realmente me gusta, algo de mí se queda allí.
Soy un ser que flota en felicidad y que sonríe a la gente,
que habla con desconocidos,
que curiosea,
que observa con atención todos sus movimientos,
que prueba comidas extrañas y
que siente que todos somos parte de este planeta espectacular,
aunque lo estemos matando.
Colores, olores, sonidos, miradas, sonrisas en idiomas que no entiendo, momentos compartidos, paisajes que me impresionan y me hacen sentir pequeña… todos me alimentan y forman mis futuras nostalgias.
Cómo voy a atajar…, si lo único que querría es vagabundear sin rumbo y saborear cada pequeño detalle porque, tantas veces, ya echo de menos lo que sé que tardaré en volver a vivir…
Hay lugares que no se merecen atajos (y hay personas que tampoco…).
Hay lugares y personas que se merecen perderse en ellos, y disfrutar de cada vuelta sin rumbo… porque cada uno de sus rincones son un sueño hecho realidad, un momento perfecto, un imperfecto plan para salirse del camino.
Y sólo me apetece respirarlos hasta que formen parte de mi alma.
Por todos esos lugares (y personas) que forman ya parte de mí… y por todos aquellos por los que aún sueño…