¿Volverías a tu cuerpo de treinta años?
YO SÍÍÍÍÍÍÍÍ.
(Sin dudarlo ni una “mierdésima” de segundo. Vamos, ni una «micro-mierdésima» de segundo).
¿Os lo imagináis?:
“PULSA EL BOTON y enfúndate ese cuerpo cuerpaaaaasoooo (al que tantos defectos encontrabas)”.
¡¡¡OUYEAH, SI, YES, OUI, PLEASE, VAMOS PA´LLA AHOOOOOOORA!!!
Volvería a ese cuerpo sin pestañear, pero ¿sabéis? me preguntaba si volvería a mi “yo” de 30 años… y…
NI
DE
COÑA…
En lo que respecta a todo lo vivido no aceptaría ni un año mes día minuto INSTANTE de menos. Creo que ha sido la primera vez en mi vida que lo he tenido tan claro, y quiere decir que, para bien o para mal, aún siento que la vida me está dando preciosas lecciones que no estaría dispuesta a repetir.
ASCO DE MADUREZ.
Cuando miro fotos de hace años, me pasan dos cosas, principalmente.
Bueno, mejor dicho, NOS PASAN dos cosas, porque no me creo que sea yo la única que se siente así.
La primera viene acompañada de un incómodo “¿y así salía yo a la calle?.
Y sí,
no sólo salía,
sino que sentía que lo petaba.
La segunda es que recuerdo todas las quejas (“esa foto no se la enseñes a nadie que estoy horrible”). Y estaba ESTUPENDA.
Qué buena perspectiva te acaba dando el tiempo… pero qué tarde, joder.
Probablemente la lección es que, de aquí veinte años, las fotos por las que hoy mato si se comparten, serán las que me mostrarán lo estupenda que estoy AHORA. Y que lo que cuenta es lo que sientes tú cuando sales a la calle.
Sentir que lo petas y si a alguien no le gusta, pues QUE LE DEN.
(Podeis visitar el post “Sus etiquetas son suyas” para más detalles…, por si necesitáis más refuerzo en esa idea liberadora).
Recuerdo la felicitación de mi amiga Rosa en mi cincuenta cumpleaños (DIOSSSSSSS). Hablamos de cuando cumplimos cuarenta y “lo que jodió cumplirlos”. Y de lo poco que nos representaba ese «numerito de los cojones».
¿Cuántos años tienes? Como decían mis hijos de pequeños: “¿Cuántos dedos cumples?
Es curioso que necesitemos cuantificar las cosas.
Para sentirnos seguros.
Para tener referencias.
Para compararnos.
Para interpretar la realidad.
Pero… ¿se puede?
Como también decía mi amiga Rosa: “No importa cuántas rosas te regale alguien. Las rosas son como el saber, no ocupan lugar”.
¿Cuánto me quieres? ¿Cuánto se ha de querer a alguien para que valga? ¿Cómo se mide? ¿En cantidad o en calidad?
Y los años…
¿Cómo se miden los años? ¿En días? ¿En vivencias? ¿En experiencia? ¿En dedos? ¿En capacidad para seguir ilusionado por aprender?
Deberían medirse con sueños, promesas, retos, locuras, desilusiones… porque el saber no ocupa lugar, ni se puede medir con un simple número.