Ya sabemos todos que el «postureo» ha llegado para quedarse.
También que casi todas las fotos que vemos son el resultado de una cuidada selección entre doscientas (pero, ¿a que parece que ha salido a la primera?) y la posterior aplicación de filtros, suavizantes de arrugas (cuidado con lo de casi borrarse la nariz con el “difuminao” de los cojones) y agrandamiento de ojos (que yo me pregunto… ¿¿¿¿para qué????).
Todos somos guapos, hacemos cosas “chupiguays”, comemos super rico, viajamos a lugares increíbles y nos metemos unos entrenos olímpicos. Tener un mal día, estar feo (¡ya no digamos serlo!) o llevar una vida un tanto rutinaria son sinónimo de ser un desgraciado en este puto mundo moderno de escaparate y redes sociales (perdón, es que me indigna lo idiotas que nos estamos volviendo – bueno, quizá idiotas ya éramos, pero ahora es que nos complace mostrarlo a todas horas).
Ando un poco cansada de esa continua exposición de cada uno de nosotros… Ese «mira qué estupendo soy…»: Todos «postureamos» y todos contamos con que una parte es “falsa”, no sé si eso nos convierte en una especie en extinción (debería) o simplemente en superficiales, pero así es.
La cuestión, para mí, es que hay un «postureo» que es aún más peligroso que el de las imágenes, porque es más «sutil».
Os presento al arma de destrucción masiva (y que debería ser delito) de almas cándidas como la mía:
El «postureo» verbal o “cómo molo diciéndote esto”.
Es cuando la gente dice cosas, porque mola decirlas, no porque las sientan de verdad.
El «postureo» verbal es una putada, ya que los que nos creemos lo que nos dice gente que nos importa, acabamos sintiendo rabia por la facilidad y poco valor que le dan algunas personas a las palabras.
Y, en estos tiempos de textos, se nos va el dedo y nos envalentonamos con eso también.
Se nos calienta la tecla y acabamos “diciendo” cualquier cosa.
Desde el “te quiero” cuando en realidad quieres decir “qué bien me lo paso contigo en estos ratos” al “te follaría ahora mismo” cuando en realidad piensas “te follaría ahora mismo” – pero nunca te atreverías a decírselo a bocajarro a alguien que no conoces apenas (o no conoces de nada directamente).
¿Cuántas veces os parece que moláis diciendo eso que no sentís?