Cuando una prescinde de los filtros, y, ADEMÁS, se relaciona con “locas del coño” como mis amigas, acaba teniendo conversaciones QUE NO SE DEBERÍA PERDER LA HUMANIDAD.
Es por eso que las ”salvo” y las escribo en este mi (nuestro) blog.
Como os podéis imaginar…, son ideas brillantes, reflexiones profundas, preguntas transcendentales, conclusiones reveladoras y chorradas del tipo “y vosotras… ¿con qué os depiláis los pelos del culo?”.
(Si alguien se siente ofendido, que abandone el blog en calma, sin movimientos bruscos, y sin dar la espalda…).
(Dos incisos:
Uno: Empezar el día abriendo un chat y que el tema sean los pelos del culo es una experiencia “primerouncaféyluegoyasiesolomiroconcalma” que puede recibir comentarios tales como “me dais asco”, “me meotoa”, “pero…¿vosotras tenéis pelo en el culo?” o “¿esto es absolutamente necesario?”, entre otros.
Dos: Sí. Tenemos pelos en el culo. Punto.)
Abandonando el apasionante tema de los pelos y volviendo a lo de las conversaciones, entre las ideas brillantes podríamos hablar de la necesidad urgente de crear una figura similar a la del “follamigo”, pero con funciones CLARAMENTE diferentes.
Me explico: hay veces que una no pilla cacho en mucho tiempo… y eso se nota.
Se nota porque te pones un-poquito-borde-a-veces,
tu autoestima se hunde cual Titanic
y estás hartica de escuchar eso de:
“lo que te pasa a ti es que eres demasiado exigente”
(li qui ti pisi i ti is qui iris dimisidi ixiginti…)
(ah, vaya, bueno, menos mal que la solución era que no me guste el tipo con el que me tengo que ir a la cama…).
MATADME.
Cuando todas tus amigas te recomiendan que soluciones eso YA…, pues yo abogo, aquí y ahora, por la creación inmediata de un servicio de (redoble de tambores, plis):
“EL POOOOOLVO DE MANTENIMIENTO”.
(Ouyeah!!)
Hablamos aquí de un polvo sin tonterías, sin necesidad de conquista, promesas, cena, copa, arrumacos, sofá, mantita, ni demás accesorios “romanticoides”.
Aquí se habla de un tema práctico, de romper la sequía y quedarse una más tranquila. De hecho, en una vuelta más a la idea, llegamos a considerar que te lo tendrían que ofrecer tus amigos, por lo de que haya cariño, buen rollo y cero malos entendidos.
Es que… ¿¿¿»pa’qué» están los amigos si no es para ayudarte en las malas rachas???
Otra opción es que la incluyera un plan de la Seguridad Social, con un catálogo tipo Tinder para que una eligiera, se lo mandan para casa y oye, a ti te dan una alegría “pal´cuerpo” y de paso, reducimos el paro.
Otra figura interesante son los “polvos platónicos” de los que habla mi amiga Pili a veces. Lo mejor que tiene muchas veces un polvo es eso, que es platónico. «Pa´que» nos vamos a engañar…
Ya puestos a idear, y como a veces la tontería romántica desactiva la mejor app que tenemos, el cerebro, otra propuesta (¿seria?) es crear una… (sííííí, oooooootra app).
Esta revelación, surgida de chats desvelados (que podrían perfectamente ser conversaciones after-party en la cocina, de esas de atracón a la nevera y borrachera ya más de sueño que de birra), es que, POR FAVOR, alguien desarrolle una app, que realice una estadística de la frecuencia de los mensajes de ese hombre que ronda tus muslos.
En la versión 2.0 (por pedir…), podría hacer un seguimiento en vivo de las conversaciones y la valoración de sus respuestas en momentos críticos.
Un “me lo pienso” a una propuesta de cena juntos o un “icono sonrisita” a un “me encantas” supondrían la eliminación inmediata del teléfono del hombre en cuestión de tus contactos. Por gilipollas.
Habría que estudiar si se añaden “widgets” con una contestación tipo “Chaval, eres un ´esmayao´, olvídame”… o un sistema de bloqueo (no se bloquearía al tipo, sino A TI) que impida volver a tener ninguna interacción con él.
Dime que no lo ibas a agradecer, si te atreves. La de tiempo que ahorraríamos en historias que parece que sí, pero sólo son un espejismo…
Amenazo con seguir contándoos las paridas que sigamos hablando…
Las “idas de olla” son mejores si se contagian y regalan unas risas.